Las predicciones en la ciencia ficción

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Philip K. Dick

Philip K. Dick

Uno de los encantos de la ciencia ficción es que en ocasiones los escritores logran vislumbrar a través de sus historias un poco del futuro. Los ejemplos son muchos: los viajes a la luna, los submarinos y helicópteros imaginados por Julio Verne, las armas químicas relatadas en La guerra de los mundos de Herbert George Wells, la telepantalla vigilante mencionada por George Orwell en la aterradora 1984. De este lado del Atlántico el género también ha tenido grandes exponentes. Uno de mis favoritos es el prolífico Philip K. Dick; prolífico en matrimonios con cinco y también en novelas (más de 40). Tan solo entre 1963 y 1964 se dice que escribió 11 de ellas. Es difícil determinar si la cifra es exacta o si en realidad está inflamada por la leyenda y el aprecio de sus seguidores. Lo que es un hecho es que el opus novelístico de Dick, aún para el género de ciencia ficción, es impresionante, sobre todo si consideramos que el escritor murió en 1982, a la edad de 53 años, y que desde 1974 empezó a padecer severas crisis psicóticas.

El escritor fue un gran admirador de la obra del compositor británico John Dowland, nacido en el siglo XVI. En ocasiones, Dick adoptaba el seudónimo de Jack Dowland. Una de sus novelas más célebres Flow My Tears, the Policeman Said, toma el nombre de una canción del compositor británico.

La obra de Philip K Dick no se escapa a esta facultad de predecir el futuro. En algunas de sus novelas, Dick menciona que una estrella de la música pop en los Estados Unidos cantará las canciones compuestas por Dowland cuatro centurias atrás. El nombre de esa ficticia estrella es Linda Fox (para algunos un personaje basado en Linda Ronstadt).

El escritor estadounidense al que en su vida adulta le tocó ser testigo del inicio y desarrollo de la escena del rock y el pop, tuvo la suficiente sensibilidad para intuir que las canciones de Dowland hablaban de los mismo temas de los que cuatro siglos después se ocuparían las bandas de los años 60, 70 y 80: El amor en varias de sus facetas (incluyendo el azote y la desilusión). Basta echarle un vistazo a las composiciones del británico para encontrar los antecedentes de la lírica de bandas míticas de la escena rock como The Cure o Depeche Mode. Para muestra lo que sigue:

Flow, my tears, fall from your springs!


Exiled for ever, let me mourn;


Where night’s black bird her sad infamy sings,


There let me live forlorn.

Finalmente Y como sucedió con los viajes a la luna de Verne, y las armas químicas de Wells, las palabras de Dick se hicieron realidad: ¡Una estrella de la música pop grabó las canciones de Dowland! Sólo que no fue una cantante estadounidense llamada Linda Fox, sino un ilustre británico llamado Sting. La predicción se hizo realidad en un disco que apareció con el nombre de Songs from the Labyrinth del sello Deutsche Grammophon, en el que el ex The Police es acompañado por el laudista Edin Karamazov (aunque hay que decir que Sting no fue el primero pues ya antes Elvis Costello, también británico, había grabado algunas canciones de Dowland). Hasta ahora el disco ha tenido buena aceptación por parte del público (me refiero a los aficionados a la música pop) y por algunos reseñistas de rock. En el mejor de los casos, la “crítica seria” ha preferido pasar por alto su aparición.

Finalmente, como suele suceder también en la ciencia ficción, la visión del futuro puede ser superada por una realidad aún más cruenta y terrible. Por lo que respecta a Dick, al menos en cuanto a la incorporación de la música de Dowland al repertorio pop del siglo XXI, la realidad ha sido más dura de escuchar que la ficción. Incluso para algunos melómanos tener contacto con el Songs from the Labyrinth ha sido tan deprimente como recordar aquella apocalíptica película de ciencia ficción Cuando el destino nos alcance (Soylent Green).

Columna publicada originalmente en Music Life Magazine.

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Emilio Sánchez

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