El arte de programar

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José_Areán

El director mexicano José Areán. Fuente: www.josearean.com

El trabajo de un director al frente de una orquesta se puede notar de distintas maneras. Por supuesto la más evidente y deseada es el sonido mismo del ensamble .  Más que esperar a que se mueva con gracilidad o energía, lo que queremos, de quien está en el podio, es que haga sonar a su orquesta en el mejor nivel posible.  Sobre todo si su encargo es de largo plazo.

Sin embargo, la mano del director también puede hacerse evidente en las programaciones que diseña y que cobran vida cada semana. Hay quienes parecen recurrir eternamente a sus mismos caballos de batalla y existen otros que tratan de abarcar el repertorio más amplio posible.

No se trata únicamente de acumular obras, programar es un ejercicio de imaginación y  equilibrio. ¿Recurrir a una obra conocida y probada o  a un estreno? ¿Dirigir al siempre taquillero Beethoven o algo de música contemporánea con todos los prejuicios que ésta arrastra? ¿Interpretar obras en las que cualquiera puede reconocer una melodía u otras que representan mayor dificultad para el escucha?

Programar es una herramienta para contrarrestar la existencia de presupuestos exiguos. Es un camino para atraer audiencias aún cuando se carezca de dinero para contratar un puñado de solistas prestigiosos.

La dificultad crece si en la misma ciudad cohabitan varías orquestas. pues todas recurrirán a las mismas efemérides musicales del año. No es improbable que en un fin de semana se escuche la misma obra en dos diferentes salas de concierto o, bien,  que suene con una o dos semanas de diferencia.

Entre los directores de su generación José Areán  se distingue particularmente por abarcar un amplio rango de composiciones. Ya sea con su orquesta (la Filarmónica de la Ciudad de México), durante el verano (con la Sinfónica de Minería) o como huésped,  suele construir programas que sorprenden y refrescan.

Árean  es  capaz, por igual,  de dedicar un concierto entero a John Cage  que de dirigir música de Ernest Chausson, siempre con imaginación. Ya sea que  presente  un estreno en México de Boulez o Ligeti, que nos ofrezca su lectura de  alguna sinfonía de Shostakóvich o Mahler o que aborde un conocido título del repertorio operístico, su presencia enriquece las posibilidades de los melómanos de la Ciudad de México.

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Emilio Sánchez

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